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Figuras de latón de Shiva y Ganesha con cuencos tibetanos en un estante de cristal

Masajes, bienestar, consciencia

La historia del Reiki

Cómo nació esta tradición, quién la transmitió y cómo llegó a Occidente. Contada tal como se transmite dentro del linaje del Reiki.

Una historia transmitida

El Reiki es un sistema de sanación muy antiguo que durante mucho tiempo desapareció del conocimiento común, hasta que a finales del siglo antepasado lo redescubrió el Dr. Mikao Usui, un erudito japonés.

Alrededor del Dr. Usui y de su vida hay muchos mitos. Sea cual fuere su historia real, lo que sí sabemos es que fue un buscador sincero. Después de entregarse por completo a la búsqueda de los secretos de la sanación, los símbolos del Reiki y su uso se le revelaron tras veintiún días de ayuno y meditación.

Lo que sigue es ese relato, tal como pasa de maestra a alumna. No es una historia documentada, ni pretende serlo.

Dr. Mikao Usui

El Dr. Usui era pastor cristiano en Japón y dirigía allí una escuela cristiana de chicos. Un día algunos de sus alumnos le preguntaron si creía en los milagros que hizo Jesús, la sanación por ejemplo. Como pastor respondió que sí. ¿Sabía cómo lo había hecho Jesús? No, dijo, y sintió curiosidad. Desde ese día quiso averiguar de qué manera había sanado Jesús.

Aquello puso en marcha un viaje de muchos años. Primero estudió en escuelas cristianas de Estados Unidos, sin resultado: allí el método sencillamente no se conocía. Le sugirieron estudiar los escritos budistas, ya que Buda también sanaba, así que pasó algunos años más en un monasterio, de nuevo sin respuestas. En Japón se detuvo en muchos templos y preguntó a los ancianos si alguien sabía cómo había sanado Buda. Los sacerdotes decían que se ocupaban más del bienestar espiritual que del físico.

En un pequeño monasterio encontró por fin antiguos escritos en sánscrito procedentes de la India, quizá del Tíbet. Tras algunos años más de estudio sintió que había llegado a una comprensión, y que para avanzar hacía falta meditación profunda. Dijo a los monjes que iba a ayunar y meditar veintiún días en una montaña cercana, y que si no volvía fueran a recoger su cuerpo.

Reunió veintiuna piedras para contar los días y cada día tiraba una. El vigésimo día aún no había ocurrido nada. Tiró la última piedra y se dijo: bien, o recibo la respuesta esta noche o no la recibo. Esa misma noche vio en el horizonte una bola de luz que venía hacia él. Su primer impulso fue apartarse, luego comprendió que podía ser justo lo que estaba esperando y lo dejó suceder. La luz le alcanzó en la frente.

Vio burbujas de todos los colores del arcoíris y dentro de ellas símbolos. Eran los mismos signos que había estudiado en los escritos tibetanos y que nunca había logrado entender. Ahora estaban del todo claros. Son los símbolos que hoy conocemos como símbolos del Reiki.

Bajando de la montaña pudo sanar desde ese momento. Solo ese primer día sanó una uña del pie rota, su propio estado de inanición, un diente enfermo y la enfermedad del abad, que lo tenía en cama. Se conocen como los primeros cuatro milagros.

Por qué existen los cinco principios

Usui quería usar esa capacidad para ayudar a otros, así que pasó los siete años siguientes en el barrio de los mendigos de Tokio, sanando a los pobres y enfermos y ayudándoles a encontrar trabajo para salir de la pobreza.

Al cabo de siete años empezó a reconocer caras. Personas a las que había sanado y acompañado tiempo atrás estaban de nuevo en los mismos suburbios y en las mismas condiciones. Al preguntarles por qué habían vuelto, dijeron que la vida fuera era demasiado dura y que mendigar era más sencillo.

Aquello le hizo pensar y regresó al monasterio. Comprendió que había transmitido la sanación pero no la gratitud. Que se había ocupado de las dolencias físicas y no de lo espiritual. Las personas no habían podido ver el valor de lo que les daba. Después de mucho tiempo y muchas horas de meditación formuló cinco preceptos, hoy conocidos como los cinco principios del Reiki.

Los compartió por todo el país, enseñando y sanando, trabajando desde entonces con ambas cosas a la vez, lo espiritual y lo físico.

Dr. Chujiro Hayashi

En esos viajes conoció al Dr. Chujiro Hayashi, comandante de la reserva naval, de familia culta y acomodada. Se encontraron en el mercado, donde Usui anunciaba su charla en un templo cercano llevando una antorcha encendida a plena luz del día, para llamar la atención de quienes tuvieran verdadera curiosidad y estuvieran dispuestos a trabajar en sí mismos.

Hayashi quedó tan impresionado por la sinceridad y la convicción de Usui que lo acompañó en sus viajes. Tras la muerte de Usui, Hayashi fue el siguiente en el linaje.

Hayashi abrió una clínica en Tokio, cerca del palacio imperial. Tenía ocho camas en una sala grande y dos terapeutas por persona: una trabajaba la cabeza y otra, a la derecha, la zona del abdomen; después ambas trataban la espalda. Todos trabajaban y practicaban en el mismo lugar, y además iban a casa de los enfermos.

Para dar Reiki en aquella época hacían falta dos cosas: ser aceptado por los maestros de la organización de Reiki y prometer usar Reiki a diario y dedicar horas regulares a la clínica.

Algunos atribuyen a Hayashi las posiciones fijas de las manos. Viniendo de lo militar y siendo ordenado en consecuencia, prefería una secuencia que cubriera todo el cuerpo y todos los órganos.

Hayashi dejó su cuerpo el martes 10 de mayo de 1940, poco antes de la Segunda Guerra Mundial. Estaba claro que Japón entraría en la guerra. Como oficial de la reserva sabía que sería llamado a filas y se haría responsable de la muerte de muchas personas. No quería eso, y decidió poner fin a su vida. Antes transmitió la dirección del Reiki a la señora Takata.

Señora Hawayo Takata

Hawayo Takata, de ascendencia japonesa, nació en Kauai, Hawái, en Nochebuena de 1900. En los años treinta viajó a Japón para visitar a su familia y comunicarles la muerte de su hermana. Allí enfermó gravemente y acabó en el hospital. Los médicos iban a operar y, mientras la preparaban, oía una y otra vez una voz que decía: la operación no es necesaria. Finalmente bajó de la mesa y preguntó si había otro camino.

El médico tenía una hermana que se había curado de una enfermedad en la clínica de Hayashi. Los puso en contacto, y así empezaron los tratamientos de Reiki de Takata.

Cuando estuvo bien quiso aprender Reiki ella misma. Al principio Hayashi no quería enseñarle por ser extranjera. Solo gracias a la intercesión de su médico logró convencerlo. La formación duró un año y la llevó a lo que hoy llamaríamos el segundo nivel de Reiki: podía hacerlo todo menos formar a otros.

De vuelta en Hawái aprendió algo más. Trató a una vecina sin cobrar, y la vecina no dio valor a los tratamientos y no mejoró. Trató a una familiar y esta vez cobró, y esa familiar se recuperó y siguió bien. De ahí viene la costumbre de pedir algo por un tratamiento de Reiki.

En noviembre de 1936 Hayashi viajó a Hawái para dar a conocer el Reiki. En ese tiempo la formó como maestra, lo que hoy llamaríamos maestra de Reiki. Al despedirse le pidió que acudiera cuando él la llamara.

Poco antes de la guerra, Hayashi se le apareció en sueños pidiéndole que fuera a Japón. Ella viajó y lo encontró inquieto, con el uniforme de la marina ya fuera del armario. Le transmitió la dirección del Reiki y reunió a todos los maestros para comunicarlo.

Takata volvió a Hawái, siguió dando y enseñando Reiki y más tarde se mudó a California. Solo a partir de 1975 formó ella misma a maestros. Hasta su muerte en 1980 fueron veintidós, entre ellos su nieta Phyllis Lee Furumoto. Poco antes de morir fundó la American Reiki Association, con la misión de ordenar y acompañar la transmisión de la experiencia del Reiki.

Phyllis Lee Furumoto fundó la Reiki Alliance a finales de los noventa.

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